La vida no vivida es un lugar explosivo

Por Lucía Méndez
La socióloga israelí Eva Illouz, cuya obra es una enciclopedia universal para entender todo lo que nos es humano, ha alcanzado, además, grandeza moral denunciando los horrendos crímenes que comete Netanyahu ante la pasividad de la orgullosa ceguera de las democracias occidentales que presumían de haber alcanzado la perfección en el respeto a los Derechos Humanos.
Modernidad explosiva se titula su último libro, en el que pueden identificarse todas las patologías sociales y psíquicas que han producido la cultura del consumo del siglo XX y la cultura de la ira del siglo XXI. La revolución digital, al abrir la puerta a vivir en las pantallas la vida que no se puede vivir en la realidad, ha venido a cerrar el círculo que conduce al malestar, las depresiones, la angustia, la envidia y los miles de tics con los que las personas miran hipnotizadas el móvil en la calle, los transportes, los bares y la cocina de casa mientras cenan. Hagan la prueba. Miren los ojos y el rostro de las personas eternamente enganchadas a las pantallas y podrán explicarse cómo y por qué el mundo se ha vuelto un lugar tan extraño y explosivo.
La vida no vivida, dice Illouz citando al psicoanalista Adam Phillips, «puede ser una realidad tan imperiosa y exigente como la vida realmente vivida». Y cuando la brecha entre las aspiraciones y la realidad resulta insalvable, los altavoces de la vida -controlados por quienes los controlan- te recuerdan que si no vives la vida que deseas es porque eres un perfecto inútil, incapaz de ser guapo, rico y listo; o una perfecta inútil incapaz de mantenerte eternamente joven, de ser una madre perfecta o de mantener la casa en orden.
El camino de buscar el poder para crearse a sí mismos y sentir la amarga decepción de no ser capaz de alcanzar el sueño americano es el camino de baldosas amarillas que nos ha conducido al Despacho Oval de Trump. Allí donde todos nos despertamos a diario y donde el líder del mundo libre mantiene hipnotizada a la Humanidad entera. Él monopoliza la atención, que es el petróleo del mundo digital y el patrón oro de las tecnológicas que manejan el cerebro humano con un solo dedo.
«Cruel optimismo», llamó Lauren Berlant al anhelo capitalista y liberal de mundo feliz que ha devenido en frustración. Hacemos esfuerzos por darle un sentido lógico, una explicación racional a lo que está pasando, los economistas andan con el candil buscando el manual de teoría económica del Despacho Oval. Mucho ánimo a todos.