El paisaje no les importa a los políticos

El paisaje no les importa a los políticos

Por Jaime-Axel Ruiz Baudrihaye

«El olivo de follaje verdoso, nutridor de nuestros hijos, el árbol que nadie, viejo ni joven, puede brutalmente destruir o saquear»

Sófocles, en Edipo en Colona

“Que tu madera, olivo, reciba nuestro cántico, porque los primeros cayados de pastor de tí fueron hechos; los padres, reyes de pueblos, te adoptaron como cetro; cuando Tersites proclamó una confusión de poderes que hubiera degenerado en la anarquía, fue contigo con quien Ulises castigó al impúdico charlatán y a golpes de olivo fue recitada aquella inestimable doctrina: “el gobierno de muchos no es bueno, que haya un solo jefe, un rey…”

Invocación al olivo

Anthinea, de Charles Maurras

El caso de las placas solares de Lopera, en la provincia de Jaén, donde pretenden talar o arrancar más de 40.000 olivos, es un test para comprobar que a cualquier político de cualquier. Credo o condición, le trae el paisaje por una friolera. No les importa ni un pimiento.

Otro ejemplo es el ecocidio que están perpetrando con un macropuente en la carretera comarcal A 327, en pleno Parque Natural de las Sierras de Segura, Cazorla y Las Villas, donde los particulares no podemos podar una rama sin permiso de la autoridad. Han destruido una colina entera, varias hectáreas de terreno boscoso y de olivar, y otras hectáreas del monte de ribera del cauce del río Trujala, que desemboca dos kilómetros más abajo en el Guadalimar (que a su vez desemboca en el Guadalquivir en Mengíbar).

Destierros inmensos

Ningún político, alcalde, diputado, alza su voz contra estos desafueros, como no los alzaron contra el ecomonstruo de El Algarrobico, escudándose en votaciones a puerta cerrada, en temas procesales, en reglamentos ocultos.

Pero esto sucede portoda la piel de toro, es decir, en España; alcaldes, políticos, son impermeables a las reivindicaciones de protección del paisaje. Sólo utilizan el paisaje como reclamo turístico, para vender, no para conservar o mejorar. El lenguaje tecnocrático de palabrotes como resiliencia, sostenibilidad, es profusamente utilizado por los que dirigen el país, pero es una falsedad que encubre, además del desconocimiento profundo, la indiferencia total hacia la belleza. Así, por las tierras sorianas de Ágreda, con placas solares y una autopista innecesaria.

Los políticos se contentan con declarar pedazos del país parques naturales, para dejar hacer lo que quieran a los grandes grupos y fondos financieros, a las eléctricas, a las grandes empresas. El paisaje es monetizado en función de que sea ‘producto turístico’. Si no, nada, porque la gente del campo no cuenta electoralmente. El campo tiene un mero interés mercantil.

Junto a la indiferencia, hay otro problema grave: la opacidad, la falta de transparencia. Todo esto se está haciendo sin que los ciudadanos nos enteremos, como hechos consumados.

Es el SILENCIO de los ciudadanos que no tenemos derecho a hablar, a reclamar. O que renunciamos a hablar porque ni nos escuchan ni nos tienen en cuenta. Ese silencio que ha denunciado la holandesa Eva Meijer en su opúsculo No es indiferencia, Sobre los silencios políticos (Katz Editores, Buenos Aires y Madrid, 2025). Meijer analiza cómo, a pesar de tener el derecho de libre expresión, nuestra opinión no cuenta para nada, porque ESTAMOS EXCLUIDOS.

El silencio es exclusión, es lenguaje (muchas personas no son capaces de expresarse correctamente, de llegar a los medios, por falta de formación o de cultura), son grupos que sistemáticamente no tienen voz (inmigrantes, niños, ancianos, etc ).

A ello debemos añadir que la naturaleza no tiene voz, no es sujeto jurídico. Contra esa exclusión ya están argumentando autores como Robert Macfarlane, en Is a river alive?, ¿Está un río vivo? (edición en inglés, Ed. Hamish Hamilton, 2025), y Tony Juniper en Just Earth: How a fairer World Will save the Planet, Tierra justa: cómo un mundo más ecuánime puede salvar el planeta (Ed. Bloomsbury, 2025)

En conclusión, el paisaje no interesa y sólo es protegible si genera rentabilidad, por:

  • La indiferencia e ignorancia de los políticos.
  • El silencio impuesto a los ciudadanos, silencio impuesto o sielncio autoinfligido, porque sabemos que no nos escuchan.
  • La falta de transparencia en las decisiones.
  • Y porque La Naturaleza y el Paisaje no son sujetos jurídicos, son meros productos comerciales, turísticos, explotables.