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Jürgen Habermas

editado por: Daniel Gamper y Camil Ungureanu


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Luces y sombras de la ars lectoria de Jürgen Habermas, por Camil Ungureanu y Daniel Gamper

Las características de la ars lectoria de Habermas

En la era de la hiperespecialización, parte de la excepcionalidad de Jürgen Habermas reside en su capacidad de edificar un gran sistema con respecto a cuestiones tan diversas como el lenguaje, la acción social, la historia, la racionalidad, la ética, el derecho, la religión, o la democracia. La omnívora reading machine de Habermas analiza y transforma concepciones de diferentes filósofos y ámbitos disciplinarios para generar este ambicioso sistema filosófico (Habermas 1982a; 1987; 1998; 2006). El tipo específico de lectura habermasiana de otros filósofos no puede ser entendido ni evaluado adecuadamente sin considerarlo parte integral del desarrollo gradual de su Teoría Crítica. Podemos distinguir cuatro características principales de la aproximación habermasiana.
En primer lugar, su lectura es sistemática. Hablar de sistematicidad no supone considerar que Habermas esté interesado en hacer exégesis pormenorizadas de otros filósofos. Por el contrario, Habermas analiza, critica y procesa las ideas filosóficas como parte del crecimiento interno de su propio sistema. Este sistema surge de la interacción crítica con las principales figuras del pensamiento occidental en un nuevo contexto histórico y científico. Leer e interpretar a los filósofos es fundamental para el desarrollo del proyecto de Habermas, entendido como la continuación y el avance de la tradición filosófica y científica occidental.
La modalidad de la lectura habermasiana refleja, además, un tipo específico de sistema racionalista basado en una visión histórica propia de la Ilustración (Ungureanu, 2019). Esta visión sistemática concibe la historia mediante conceptos como progreso universal, civilización, aprendizaje y avance de la racionalidad. Su lectura de figuras filosóficas es inseparable de su concepción de la historia: Habermas lee el recorrido de la filosofía como parte crucial de una historia más amplia de aprendizaje civilizatorio y de desarrollo de la racionalidad universal en Occidente. En función de su período histórico, los filósofos han sido capaces de contribuir (o de negar o minar) al desarrollo de esta tradición de pensamiento como dimensión esencial del avance de la civilización, la moralidad y la política.
En segundo lugar, sus lecturas son interdisciplinarias. Habermas sigue y expande el enfoque filosófico de la Teoría Crítica y la Escuela de Frankfurt, desarrollado principalmente por Max Horkheimer y Theodor Adorno. En contraste con los enfoques tradicionales del pensamiento filosófico, Horkheimer y Adorno entienden que la Teoría Crítica debe desarrollarse recurriendo a las ciencias sociales y en estrecha colaboración con ellas. En este sentido, el sistema habermasiano basado en la teoría de la acción comunicativa es, a la vez, una filosofía y una gran teoría social que se nutre de una variedad de disciplinas como la sociología, la lingüística, las ciencias políticas, la economía política, la historia y la antropología. El corolario de esta interdisciplinaridad es la crítica de los filósofos "idealistas" contemporáneos que construyen sus puntos de vista de una manera que es, según Habermas, indiferente a las investigaciones científicas. Este es el caso de la deconstrucción de Derrida o del liberalismo de Rawls (véanse los dos últimos capítulos de este volumen).
En tercer lugar, la lectura habermasiana es crítica y política. Esta afirmación se aplica no solo a sus escritos directa y explícitamente políticos, sino a su proyecto filosófico en general (Habermas 1982a; 2016). El reto mismo del proyecto tiene una dimensión política que ha de ser entendida en el contexto histórico del colapso de la civilización occidental con las guerras mundiales y el Holocausto. Habermas construye una Teoría Crítica que quiere restablecer la confianza y las bases intelectuales de la modernidad política, de la democracia deliberativa y de la razón universal (Specter, 2013; Velasco 2013). Esta dimensión político-performativa de su proyecto modela su tipo de lecturas filosóficas e históricas. Habermas no trata a otros filósofos desde una perspectiva neutral (por ejemplo, positivista, analítica o puramente historicista). Para él, el positivismo y la filosofía analítica son metodológicamente cuestionables porque no prestan atención a la dimensión performativa de las ideas en su contexto histórico, sino que analizan conceptos y normas en abstracto. En el polo contrario, el historicismo es discutible porque disuelve cualquier criterio de evolución crítica por medio del relativismo histórico. Además, las lecturas positivistas, analíticas y hermenéuticas no tienen en consideración la necesidad de la crítica de la relación entre las ideas y las estructuras de poder y dominación en la sociedad.
En contraste, las lecturas de Habermas buscan superar la oposición rígida entre positivismo e historicismo, vinculando el argumento filosófico al contexto histórico constituido por relaciones de poder y dominación. Sus lecturas tienen una doble intencionalidad política: en primer lugar, la de criticar las relaciones de dominación y los discursos que las legitiman; en segundo lugar, en un nivel constructivo, la de develar el potencial racional de la emancipación y el progreso en las prácticas históricas y las concepciones existentes (Habermas, 1987; 1998).
Para Habermas, la dimensión política de la Teoría Crítica no se reduce a un ejercicio académico. El filósofo como "experto" en la razón tiene un papel de lector público para defender las bases racionales de la democracia y del progreso moral. El modelo criticado por Habermas es el de intelectuales como Martin Heidegger y Carl Schmitt, que minaron la cultura política de la República de Weimar y colaboraron con el nazismo. Todo lo contrario, su ars lectoria implica un compromiso público cuya misión consiste en proteger el espacio común de las tendencias intelectuales actuales (por ejemplo, el posestructuralismo o el posmodernismo) que socavan las bases de la democracia y del universalismo moral.
En cuarto lugar, finalmente, la ars lectoria de Habermas es dialógica y pluralista. El pensador alemán edifica su sistema conversando, intercambiando argumentos y construyendo puentes entre distintas tradiciones filosóficas, como la analítica y la continental. Estas dos tradiciones filosóficas se han formado y existen en una relación de ignorancia mutua y rechazo. En cambio, el sistema filosófico de Habermas ha crecido mediante un diálogo abierto más allá de los "muros de separación" entre escuelas y tradiciones. Pocos pensadores contemporáneos han logrado involucrarse de manera tan sustantiva con pensadores de "campos enemigos", desde Robert Brandom, John Searle y John Rawls hasta Jacques Derrida y Michel Foucault. La naturaleza dialógica y el pluralismo de la lectura habermasiana son rasgos intrínsecos de su sistema filosófico basado en la acción comunicativa y la deliberación.
En este sentido, su arte de leer supone la crítica de dos posiciones alternativas: por un lado, Habermas toma distancia de los enfoques meramente objetivistas y/o científicos de la historia de las ideas y la filosofía (por ejemplo, positivismo, marxismo, funcionalismo estructural); estos enfoques pasan por alto la relevancia de la construcción intersubjetiva del significado y los intercambios dialógicos al adoptar el modelo de las ciencias naturales basado en la causalidad y en leyes deterministas o probabilistas. Desde la perspectiva habermasiana, estos enfoques conducen a un tipo de lecturas antidialógicas y antipluralistas. Por otro lado, los enfoques hermenéuticos tienen la ventaja de llamar la atención sobre la importancia del significado y la comunicación. Sin embargo, representan una forma idealista de lectura que Habermas intenta evitar. Los enfoques hermenéuticos descuidan la relevancia de la dinámica sistemática, las estructuras de poder y la racionalidad instrumental en la formación del significado y la ideología. Por lo tanto, no son adecuados para llevar a cabo una crítica de la sociedad que combine el análisis de sistemas de acción y de las estructuras de dominación existentes. La lectura y el diálogo intelectual entre una pluralidad de posiciones filosóficas se nutren recíprocamente. No obstante, la lectura-diálogo tiene también que analizar críticamente los juegos de poder y dominación inherentes a cualquier relación social.

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